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lunes, 15 de diciembre de 2008

Mario Góngora y el origen del inquilinaje (Breve discusión historiográfica)

El autor habla de Claudio Gay como uno de los primero historiadores que expone y describe al inquilinaje. Gay caracteriza a esta institución como “alquiler de pequeñas porciones de tierras (...) a labradores pobres”. Además, señala que este sistema varía de acuerdo a la ubicación geográfica y aún de fundo en fundo.

Para Gay, citado por Góngora, el inquilino es un individuo que posee libertad de movimiento y sus obligaciones son: ayudar en el rodeo, limpiar las acequias, trillar el trigo, acompañar a caballo al dueño y otros trabajos auxiliares, generalmente remunerados.

Lo primordial en el análisis y descripción de Gay es el pago de un canon, la propiedad de bienes muebles e inmuebles y las diferencias salariales entre una región y otras. Además, este autor indica los tipos de “trabajadores” al interior de una hacienda y los diferentes fenómenos sociales que en ella se hallan.

Una situación importante, que destaca Góngora de la obra de Gay, es la explicación histórica que se da acerca del origen la institución del inquilinaje, la cual tiene su génesis en la abolición de la encomienda.

Otro intelectual como Benjamín Vicuña Mackenna reafirma la tesis descrita por Gay, agregando una comparación entre el inquilinaje y el feudalismo europeo. Diego Barros Arana adorna lo propuesto por Gay, vinculando a la abolición de la encomienda con el proceso de mestizaje. Además, Barros sugiere que el inquilinaje es la última transformación de la encomienda. Por su parte, Domingo Amunátegui Solar identifica al inquilino con el indio de estancia. En cambio, Francisco Encina, abandona toda relación con la encomienda, así pues, interpreta el inquilinaje como algo propio de los mestizos.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Cuestión Social en Chile

Presentación

La llamada “cuestión social” puede ser abordada, según creemos, a partir de las siguientes tematizaciones:
- Ruptura del eje central del campo chileno, vale decir, se elimina el vínculo de patrón – asalariado.
- Decae el sistema clientelar y de inquilinaje (El campesino siente la pérdida de protección, de arraigo, se siente ajeno a su entorno. Su moral y religiosidad van disminuyendo).
- Se encarece la vida urbana, hay más necesidades y menos bienes y/o servicios en oferta (mercado). El circulante es profuso, pero no tiene liquidez como para garantizar un acceso igualitario a los servicios básicos de vivienda, sanidad, salud, entre otros.
- Los vicios (alcohol y juegos) y la promiscuidad son males sociales que están en continua alza, tanto en el campo como en la ciudad.
El historiador Gonzalo Vial (1981) señala que el primer desafío urbano que se presentó, para las autoridades y movimientos sociales de la época, fue la habitación, la habitabilidad. Pero ¿En qué consiste tal situación? El continuo éxodo de campesinos a los centros urbanos y a las zonas económicamente activas, como los campamentos mineros, saturó las condiciones de vivienda. Proliferaron las poblaciones periféricas, los pequeños ranchos. El campesino trasladó sus costumbres de “barbarie” a la ciudad, acrecentando el hacinamiento y la estrechez residencial. Las soluciones habitacionales fueron, en este caso, los famosos cités y conventillos. Las empresas y el Estado proyectaban la edificación de poblaciones obreras, pero el Congreso (régimen parlamentario) no aprobó con rapidez las iniciativas de vivienda.
Se había dicho que el hacinamiento humano sumado a la ausencia de servicios básicos, como el agua, calefacción, seguridad y sanidad, entre otros, acrecentaron la aparición de focos infecciosos, males y epidemias. Hubo gran merma de la población infantil, senil y general, a causa de la Peste bubónica, el cólera, fiebre tifoidea, por nombrar algunas patologías. A esto se suma la ignorancia de la población de las normas de higiene y el cuidado de enfermos. Así mismo no existía una cultura de salud (control y prevención de enfermedades), menos la existencia de una red asistencial hospitalaria. No había insumos médicos que alcanzasen para toda la población.


Alcoholismo
El aumento de la producción de vinos y la baja exportación de este producto al extranjero generó, forzosamente, el comercio interno.
La escasez y carestía de los alimentos permitió que el vino se convirtiera en una pasajera y engañosa compensación nutricional.
Otra causa, es la venta clandestina de alcohol, tanto en el campo como en las salitreras. Laboralmente, se garantizaba el acceso al alcohol, a través de las “fondas”. Esto para que el trabajador no perdiera su fuente de ingresos y no bajara al pueblo. El panorama cambia con la instalación de tabernas en sitios cercanos a la obras, principalmente en concesiones fiscales. En los barrios marginales, nace el famoso “san lunes”, dado el gran ausentismo laboral a causa del alcohol. En definitiva, se inició una cultura dionisiaca, que llevó a los sectores populares y medios a una decadencia moral y social.


El juego
Se jugaba dinero a toda hora y en todas partes. Había en Chile una “cultura lúdica y jocosa”. Los principales juegos eran la rayuela, chapitas, cara o cruz.
La legislación de la época, proscribía los juegos de azar, sin embargo, esto dio pie para que proliferaran las apuestas y los juegos clandestinos.


Prostitución
La prostitución es el elemento que cierra la tríada (Alcoholismo, azar y prostitución) de decadencia moral de principio de siglo.
Es difícil establecer el origen de esta práctica, pero según Gonzalo Vial (1981), hay ciertos elementos que configuran este flagelo como, por ejemplo, la baja participación laboral de la mujer y el continuo ocio reinante del bajo pueblo y de la aristocracia. A esto se agrega el aumento de población urbana y las malas condiciones de vida de ésta.
La posibilidad, para las féminas, de dinero fácil y el embrutecimiento de la población masculina económicamente activa permitieron que, en 1916, se registrara, sólo de manera oficial, 543 prostitutas. Los rangos etáreos de éstas oscilaban, mayoritariamente, entre los 18 y 25 años y su nacionalidad, chilena.
Según Vial (1981) “la prostitución era un nuevo siglo de la ruina económica y moral caída sobre la masa humana que inmigraba a la ciudad”.
La prostitución era sinónimo de sífilis. Economómicamente hablando, la mujer -en este oficio- cumplía un ciclo. Entre más joven, mayor categoría y ganancia personal. Vial (1981) nos dice que la caída económica de la ramera era vertical, puesto que empezaba en “casas de lujo” y terminaba en los brutales “barrios chinos”.


Criminalidad
¿El cambio de siglo trajo un aumento de la criminalidad? La respuesta es si y no. Es afirmativa, en relación al aumento densitario de la urbe y de los jueces del crimen. Y negativa, dado el bajo crecimiento vegetativo o natural de población, en el período estudiado, y la cantidad de reos o personas en cárcel. Es imposible –según indica Nicolás Palacios- que la mayoría de la población esté tras las rejas o cometiendo delitos u homicidios.
La delincuente urbana, en tanto, se incrementó debido a las condiciones vitales de los sectores populares. Así mismo, el gobierno no respondió de la mejor forma ante las necesidades policiales, judiciales y carcelarias producto de aquel aumento.
Sistema judicial y administración de justicia
Como primer elemento, vale consignar que las policías fueron corruptas e ineficaces, puesto que al ser un organismo dependiente de los municipios (vale decir, administración pública mal remunerada y excesivamente burocrática), no controlaron el juego clandestino, la prostitución y el alcoholismo.
Segundo, los juzgados excedieron su capacidad de proceso y trabajo a causa del intensivo movimiento penal. La justicia presentaba una politización en su estructura, ya que el intendente nombraba a los jueces de policía local. Los partidos manipulaban el nombramiento de los magistrados, sobre todo los letrados, ya que las designaciones jugaban un importante papel electoral. Todo ello se traducía en la parcialidad e ineptitud de la justicia.
Tercero, la infraestructura carcelaria era deplorable. Los presidiarios vivían en condiciones deplorables, en palabras de Luis Recabarren, “es lo más horripilante que cabe conocer”. La violencia, la sodomía y el onanismo son prácticas comunes. La cárcel era una escuela de delincuentes.
La evolución y mejora del sistema penal descansaba con otras leyes en el Congreso. Se empleo la mano de obra de los presidiarios. Se aprovechó su situación de ocio, se intentó la “rehabilitación” e inserción laboral. Hubo concesionarios particulares que se preocuparon de esa tarea. Sin embargo, los bajos salarios que se les pagaba a los presos terminó por saturar la producción de ciertos bienes, como el caso de la industria zapatera.
Cuarto, la inadecuada y europeizante legislación penal, la mala administración de justicia y la desigualdad social, provocaron en las clases populares un sentimiento de impotencia y distancia con el derecho.

viernes, 22 de agosto de 2008

Una mirada distinta e histórica del 18 de septiembre

Hace pocos días Chile celebró un año más como nación independiente. Para ser exactos 198 años. Por esta razón, suena lejano hablar de José Miguel Infante, procurador del Cabildo de Santiago y lector del famoso discurso que da inicio al proceso de emancipación en sí.

Sin embargo, la memoria histórica recuerda con gran cariño a don Mateo de Toro y Zambrano, último gobernador colonial. Su papel en esa gran obra, que hoy por hoy conmemoramos, es relativamente menor, respecto de otros patriotas insignes como la familia Carrera, Manuel Rodríguez, Juan Martínez de Rozas y Bernardo O’Higgins. En esa época el conde de la conquista era un octogenario con muy poco poder de decisión y gobernabilidad. Su calidad de “chileno” le generó problemas con la administración borbónica y con el virreinato del Perú, puesto que los cargos importantes eran ejercidos por miembros de la nobleza, clérigos y por importantes estrategas militares, o bien, por personas de confianza. Todos ellos tenían una particularidad, eran de nacionalidad –innata o por gracia- española, rasgo que no poseía Toro y Zambrano.

Otro hito importante a destacar, respecto del proceso de Independencia, es el año, mes y día en el que se realizó este hito. Colectivamente, se conmemora el 18 de septiembre de cada año. Falacia histórica para algunos, para otros el inicio de una larga, dura y cruenta lucha por la libertad. Lo cierto, objetivamente hablando, fue el 12 de febrero de 1818. En esa fecha, el ideal de autonomía era uno, pero los bandos que se disputaron el poder fueron muchos. O’Higgins, republicano insigne, peleaba por el panamericanismo y la libertad total de América. En cambio, Carrera, caudillo excepcional, quería la gloria personal y la separación total de Chile de la corona española.

Por otra parte, en el siglo XIX la festividad del 18 de septiembre se realizaba en un ambiente muy efervescente, rural y patriótico. Hoy la figura ha cambiado. Se baila reggaeton y cumbias en las ramadas. El espíritu nacional brota una vez al año, cuando debiera ser en cada obra, lugar y corazón del chileno medio. Por este motivo, se invita al lector a reflexionar acerca de sus raíces y su patria.

Ilustración de la primera junta nacional de gobierno.