La crisis de la república americana decimonónica se debe al avance de los liberales al gobierno y al discurso positivista de las autoridades. A esto se suma la incapacidad que tuvo la oligarquía de administrar y reestructurar el antiguo régimen colonial. Se hizo un cambio teórico, mas no pragmático, mutatis mutandis.
Surgen, además, gérmenes de autodestrucción, propios de los nuevos Estados y de las incipientes "democracias". Se habla pues, del caudillismo y clientelismo. El bandolerismo social, militarismo y el populismo son posteriores.
La base central de la consolidación del sistema clientelar se halla en la estructura económica-social de la colonia. Un claro ejemplo de esto es la encomienda, la hacienda y el inquilinaje.
Es sabido que Latinoamérica adoleció de sincronía y sinergia entre las distintas colonias, virreinatos y gobernaciones. Cada lugar desarrolló elementos sociales, culturales y políticos endógenos. Sin embargo, transversalmente, América es y será una sola. Así lo piensan los indigenistas y bolivarianos. El ideal del "panamericanismo" está presente en el inconciente colectivo del pueblo.
Francois Chevalier, eminente historiador de
Una revuelta popular es el quiebre de las estructuras formales de poder, entiéndase esto último como una dominación simbólica manifestada en textos positivos y en la superestructura social. La violencia es el único camino de la supresión del yugo y el abuso del poder. La gente sale a las calles a pedir la cabeza de sus gobernantes. Hay caos y desorden por doquier. El oportunismo y la traición son términos análogos. Hay un vacío ideológico y poca claridad en las metas. Hay reiteración de vicios del antiguo régimen.
Según indica el escritor mexicano y Novel de literatura, Octavio Paz, la revolución permitió la sincronía y la aparición, en el mapa político internacional, de su país. Además, señala que las bases no soportaron más maltrato y dominación. No más complejo de vencido

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