Sin embargo, la memoria histórica recuerda con gran cariño a don Mateo de Toro y Zambrano, último gobernador colonial. Su papel en esa gran obra, que hoy por hoy conmemoramos, es relativamente menor, respecto de otros patriotas insignes como la familia Carrera, Manuel Rodríguez, Juan Martínez de Rozas y Bernardo O’Higgins. En esa época el conde de la conquista era un octogenario con muy poco poder de decisión y gobernabilidad. Su calidad de “chileno” le generó problemas con la administración borbónica y con el virreinato del Perú, puesto que los cargos importantes eran ejercidos por miembros de la nobleza, clérigos y por importantes estrategas militares, o bien, por personas de confianza. Todos ellos tenían una particularidad, eran de nacionalidad –innata o por gracia- española, rasgo que no poseía Toro y Zambrano.
Otro hito importante a destacar, respecto del proceso de Independencia, es el año, mes y día en el que se realizó este hito. Colectivamente, se conmemora el 18 de septiembre de cada año. Falacia histórica para algunos, para otros el inicio de una larga, dura y cruenta lucha por la libertad. Lo cierto, objetivamente hablando, fue el 12 de febrero de 1818. En esa fecha, el ideal de autonomía era uno, pero los bandos que se disputaron el poder fueron muchos. O’Higgins, republicano insigne, peleaba por el panamericanismo y la libertad total de América. En cambio, Carrera, caudillo excepcional, quería la gloria personal y la separación total de Chile de la corona española.
Por otra parte, en el siglo XIX la festividad del 18 de septiembre se realizaba en un ambiente muy efervescente, rural y patriótico. Hoy la figura ha cambiado. Se baila reggaeton y cumbias en las ramadas. El espíritu nacional brota una vez al año, cuando debiera ser en cada obra, lugar y corazón del chileno medio. Por este motivo, se invita al lector a reflexionar acerca de sus raíces y su patria.
Ilustración de la primera junta nacional de gobierno.


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