lunes, 25 de agosto de 2008

La historia y la antigüedad

Desde tiempos remotos el hombre ha intentado explicar, intencionalmente, su presente, pasado y, además, su futuro. Hoy por hoy, el avance tecnológico permite renunciar a la tradición oral como un elemento del conocimiento histórico. Esto dado por la falsabilidad de los mensajes orales. Así mismo, los hallazgos arqueológicos, cada vez, entregan información más acabada y precisa. Por tanto, la Historia es una ciencia que está en plena construcción, así como también el pasado, el que sufre mutaciones de acuerdo con los paradigmas científicos establecidos, o bien, en palabras de Thomas Kuhn (1962) por la historicidad.

Por otra parte, retrotrayendo más el análisis, la Grecia Clásica -civilización que aporta una gran cantidad de interpretaciones históricas- trae consigo el germen del mito. Es muy difícil renunciar a las explicaciones seudo-racionales de la realidad. De este punto de vista se desprende la definición para tal concepto (mythos), que proviene de las primeras racionalizaciones del hombre, en torno a los elementos naturales como el agua (Hydris / océano), el aire (eol), fuego (ignis) y tierra (gea).

Heródoto, el considerado padre de la Historia, entrega, en su libro Historiae, contenidos muy relacionados con el mythos. El primero de ellos es el rapto de princesas persas, medas, griegas a mano de los fenicios, griegos y troyanos, respectivamente. ¿Cuál es el elemento real? Ninguno, ya que el relato proviene de la tradición oral poética. Sin embargo, hay un cambio en la cosmogonía de este intelectual aqueo. No son los dioses los protagonistas de los hechos. No hay un providencialización o planeación de la vida de los héroes, menos en la de los hombres. ¿Hay mito? Sólo en la explicación de los fenómenos naturales, pero no en las vivencias del ser humano.

Un segundo elemento es la descripción de la realidad pasada de los habitantes de la península del Ática y de Lacedemonia, y las relaciones internacionales (bilaterales) entre éstos y sus vecinos geográficos del Asia Menor y del Norte de África. En este contexto hay una sacralización del mito, mas no una preponderancia; la razón, el complejo sistema de creencias y dogmas de los griegos. Es imposible renunciar a la cosmogonía, esa que ordenó y clasificó Hesíodo en el texto Teogonía.

Hesiodo - Teogonía trabajos y días (Editorial Losada)

viernes, 22 de agosto de 2008

Una mirada distinta e histórica del 18 de septiembre

Hace pocos días Chile celebró un año más como nación independiente. Para ser exactos 198 años. Por esta razón, suena lejano hablar de José Miguel Infante, procurador del Cabildo de Santiago y lector del famoso discurso que da inicio al proceso de emancipación en sí.

Sin embargo, la memoria histórica recuerda con gran cariño a don Mateo de Toro y Zambrano, último gobernador colonial. Su papel en esa gran obra, que hoy por hoy conmemoramos, es relativamente menor, respecto de otros patriotas insignes como la familia Carrera, Manuel Rodríguez, Juan Martínez de Rozas y Bernardo O’Higgins. En esa época el conde de la conquista era un octogenario con muy poco poder de decisión y gobernabilidad. Su calidad de “chileno” le generó problemas con la administración borbónica y con el virreinato del Perú, puesto que los cargos importantes eran ejercidos por miembros de la nobleza, clérigos y por importantes estrategas militares, o bien, por personas de confianza. Todos ellos tenían una particularidad, eran de nacionalidad –innata o por gracia- española, rasgo que no poseía Toro y Zambrano.

Otro hito importante a destacar, respecto del proceso de Independencia, es el año, mes y día en el que se realizó este hito. Colectivamente, se conmemora el 18 de septiembre de cada año. Falacia histórica para algunos, para otros el inicio de una larga, dura y cruenta lucha por la libertad. Lo cierto, objetivamente hablando, fue el 12 de febrero de 1818. En esa fecha, el ideal de autonomía era uno, pero los bandos que se disputaron el poder fueron muchos. O’Higgins, republicano insigne, peleaba por el panamericanismo y la libertad total de América. En cambio, Carrera, caudillo excepcional, quería la gloria personal y la separación total de Chile de la corona española.

Por otra parte, en el siglo XIX la festividad del 18 de septiembre se realizaba en un ambiente muy efervescente, rural y patriótico. Hoy la figura ha cambiado. Se baila reggaeton y cumbias en las ramadas. El espíritu nacional brota una vez al año, cuando debiera ser en cada obra, lugar y corazón del chileno medio. Por este motivo, se invita al lector a reflexionar acerca de sus raíces y su patria.

Ilustración de la primera junta nacional de gobierno.